24 abr. 2011

4 abr. 2011

Segunda entrega de artículo sobre la Nueva Ortografía


La tilde (1)

En la presente entrega se mencionan algunas innovaciones de la Nueva Ortografía de la lengua española en relación con la acentuación gráfica. En todos los casos, se intenta evitar las incongruencias con las reglas generales de acentuación gráfica.
Sin embargo, como señala el director del Departamento de Español al Día de la RAE, Dr. Salvador Gutiérrez Ordóñez, los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la Asociación, que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo.

Solo café solo, sin tilde.
Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica. Esos dos usos son:

1) El que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta).
2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

Según Gutiérrez Ordóñez, "como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré sólo este verano / Pasaré solo este verano).”

Sin embargo, dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, la nueva Ortografía señala que se podrá prescindir de la tilde tanto en el adverbio solo como en los pronombres demostrativos incluso en los casos de posible ambigüedad o de doble interpretación. Eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad.

No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960 no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos en sus publicaciones.

Guion también sin tilde.
Hasta ahora, la RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié...

La nueva Ortografía considera que estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea la forma de pronunciarlas, se deben escribir siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie.
En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y “condena" cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, "escribir guión será una falta de ortografía".

4 o 5 y no 4 ó 5.
Hasta ahora se venía recomendando poner tilde a la conjunción disyuntiva o cuando se escribía entre dos cifras, con el fin de evitar toda posible confusión con el guarismo correspondiente al número cero.
Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, esta razón no parece suficiente ni en la escritura mecánica, hoy general gracias al empleo de computadoras u ordenadores, ni en la manual, ya que tanto los espacios en blanco que flanquean la conjunción o como su diferente forma y menor altura que el cero hacen prácticamente imposible su confusión real en la práctica.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS, “La i griega se llamará ye”, El País, Madrid, 05/11/2010

(1) Si bien el sustantivo tilde admite su uso en ambos géneros (el tilde, la tilde), la nueva Ortografía emplea el género femenino por considerar que es el uso mayoritario en el ámbito hispánico.

2 abr. 2011






Debido a las numerosas consultas y dudas sobre las innovaciones propuestas en la nueva Ortografía de la lengua española (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010), he resuelto incluir aquí un artículo del periodista español Javier Rodríguez Marcos en el que se enumeran los cambios más llamativos.

El artículo irá dividido en dos posts: el abecedario y el acento gráfico o tilde.

El alfabeto o abecedario
La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones
y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto", revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".
Estas son algunas de las "innovaciones puntuales" destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

Letras con varios nombres.
Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, ve baja o ve corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z.

La nueva Ortografía recomienda un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; zeta para z; ye para y (en lugar de i griega).

Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua). De ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, se incluían como letras del alfabeto las combinaciones ch y ll.
Ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras", aunque permanecieron en la tabla del alfabeto.

La nueva edición los suprime formalmente: “A partir de este momento los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español […].

El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en el inventario” (2010: 64).

Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27. Naturalmente, esto no significa que desaparezcan de su sistema gráfico y, por lo tanto, seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas.

Catar y no Qatar. La q por sí sola (sin el acompañamiento de la u característica del dígrafo qu) no es una grafía tradicional del español para representar el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora Catar y cuórum.

¿Y si alguien prefiere la grafía anterior? "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)".
Sin embargo, los derivados de antropónimos conservan siempre la k del nombre propio, incluso ante las vocales e, i: Kafka > kafkiano. Por otra parte, no es raro que los derivados de topónimos presenten dos variantes: la que conserva la k del nombre propio y la que sustituye esta por qu ante e, i: Nueva York > neoyorkino o neoyorquino; Pakistán > pakistaní o paquistaní; Pekín > pekinés o pequinés.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS, “La i griega se llamará ye”, El País, Madrid, 05/11/2010