14 dic. 2013

Sobre las innovaciones ortográficas en el español - Artículo de Javier Rodríguez Marcos

Debido a las numerosas preguntas sobre las innovaciones propuestas en la nueva Ortografía de la lengua española (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010), he resuelto incluir aquí un artículo del periodista español Javier Rodríguez Marcos en el que se enumeran los cambios más llamativos. El artículo se divide en dos entregas: el abecedario y el acento gráfico o la tilde. Empecemos pues.

El alfabeto o abecedario

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto", revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".
Estas son algunas de las "innovaciones puntuales" destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

Letras con varios nombres. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, ve baja o ve corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía recomienda un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; zeta para z; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua). De ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, se incluían como letras del alfabeto las combinaciones ch y ll. Ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras", aunque permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime formalmente: “A partir de este momento los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español […].
El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en el inventario” (2010: 64). Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27. Naturalmente, esto no significa que desaparezcan de su sistema gráfico y, por lo tanto, seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas.

Catar y no Qatar. La q por sí sola (sin el acompañamiento de la u característica del dígrafo qu) no es una grafía tradicional del español para representar el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior? "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)".

Sin embargo, los derivados de antropónimos conservan siempre la k del nombre propio, incluso ante las vocales e, i: Kafka > kafkiano. Por otra parte, no es raro que los derivados de topónimos presenten dos variantes: la que conserva la k del nombre propio y la que sustituye esta por qu ante e, i: Nueva York > neoyorkino o neoyorquino; Pakistán > pakistaní o paquistaní; Pekín > pekinés o pequinés.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS, “La i griega se llamará ye”, El País, Madrid